39 patrañas vesánicas
Caminaba por la nieve sin pensar en nada más que conseguir salir con vida de aquella aventura; dos de mis compañeros de viaje habían sufrido un accidente cuando subían por la pared de aquella montaña, y habían tenido que evacuarlos en helicóptero.
El guía nos preguntó si queríamos seguir adelante o si queríamos regresar con los heridos. Las condiciones climatológicas iban a empeorar en las próximas horas y era muy probable que, si seguíamos adelante, no pudiéramos regresar hasta pasados diez o doce días.
Lorena decidió volver con los heridos. Marcos, Santiago y yo decidimos continuar camino con Josh, el guía.
Tres días después, Marcos sufrió un trágico accidente. Sus anclajes de seguridad fallaron y su cuerpo desapareció en caída libre. Josh nos aseguró que había revisado con Marcos el estado de las cuerdas y anclajes; incluso el de su saco de dormir por si tenía roturas.
Santiago lamentó no haber regresado con Lorena y los heridos unos días antes, pero ya no había solución; la única alternativa era continuar hacia la cumbre de aquella montaña.
Notaba que cada vez respiraba con mayor dificultad.
Cinco días más tarde conseguimos alcanzar la cima los tres: Santiago, Josh y yo. Tan pronto como pudimos, comenzamos el descenso por el lateral derecho de la montaña (según habíamos realizado el ascenso). Durante la primera noche del descenso, Santiago sufrió una parada cardíaca. Josh intentó reanimarle con técnicas de reanimación de primeros auxilios, pero no pudo hacer nada. Josh se hundió con la pérdida de otro miembro del grupo.
En ese momento decidí que lo mejor que podía hacer era aliviar el sufrimiento de Josh… fue muy rápido, no me costó mucho esfuerzo ayudarle a descansar…
Conseguí finalizar el descenso en ocho largos días. Llegué al refugio en muy malas condiciones físicas, pero fui el único que regresó de aquella aventura que el presidente de nuestra compañía había ideado para los seis aspirantes al puesto que Rodolfo dejaba vacío por su próxima jubilación.
Lorena y yo nos disputaríamos el puesto en la oficina con nuestro trabajo. Todo había salido bien.
Cuando desperté en el hospital al que me trasladaron para recuperarme de aquella dura experiencia, el presidente de la compañía estaba en la habitación.
—Felicidades Francisco.
—Gracias señor. Ha sido una experiencia muy dura. Mis compañeros…
—Tranquilo. No hace falta que me cuentes nada. Solo quería decirle que Lorena ha sido despedida por abandonar la experiencia. El puesto es suyo, Francisco. Necesitamos profesionales con su entrega, resistencia e iniciativa. Felicidades.
Cerré los ojos y descansé tranquilamente hasta que me dieron el alta y me incorporé a mi nuevo cargo en la compañía. Todo había terminado bien. Lorena hizo bien en retirarse; me gusta esa mujer… La llamaré en unos días…

