39 patrañas vesánicas
La lluvia caía sin descanso sobre la ciudad desde hacía dos días. Marta había dejado a sus tres hijos con su exmarido el fin de semana y todavía no habían vuelto. Eran cerca de las diez de la noche del domingo.
Carlos, su exmarido, tenía el teléfono desconectado. Sandra, su actual pareja, no sabía nada de él desde el viernes, cuando Carlos fue a casa de Marta a recoger a sus hijos para pasar el fin de semana juntos antes de comenzar las clases del nuevo curso.
Marta no dejaba de mirar por la ventana y de comprobar si su teléfono móvil tenía cobertura y batería. Estaba muy preocupada.
Llamó a los hospitales de la ciudad. Habían ingresado a muchas personas por accidentes a consecuencia de la lluvia, pero no habían registrado un accidente en el que un hombre y tres menores (dos niños y una niña) se vieran afectados.
La policía tampoco había recibido notificación de un accidente con esos implicados.
Volvió a llamar al teléfono de Carlos. No había respuesta.
Sandra tampoco tenía noticias.
La ausencia de noticias estaba volviendo loca a Marta. Cogió las llaves de su coche, su teléfono móvil, su bolso y salió de casa. El ascensor no funcionaba; había un fallo eléctrico en el edificio como consecuencia de la lluvia. Bajó los seis pisos a pie. Su coche no estaba en el garaje (siempre que Carlos se llevaba a los niños, ella sacaba el coche a la calle el domingo para que él entrara al garaje y fuera más fácil la descarga de las cosas de los niños). Llegó al coche empapada. Entró y arrancó. No sabía dónde iba, pero comenzó a conducir; decidió ir al hospital más cercano; conducía despacio porque la cantidad de lluvia dificultaba la visibilidad. Del primer hospital fue al siguiente, pasó por la comisaría, decidió ir al aeropuerto.
Un coche detrás de ella intentaba adelantarle; se retiró a su derecha y le permitió el paso. Apenas había tráfico.
Medio kilómetro más adelante, el mismo coche que la había adelantado estaba parado en el arcén con las luces de posición encendidas. Marta redujo la velocidad al acercarse al coche. En su interior pudo ver a dos personas discutiendo; continuó su camino. Pocos minutos después, el mismo coche volvió a situarse detrás de ella. Marta volvió a retirarse hacia el arcén, pero en esta ocasión el conductor del coche no pudo controlar la maniobra y chocó con el coche de Marta, sacándola de la carretera y provocando que su coche se estrellara contra otro coche y diera dos vueltas de campana antes de comenzar a arder.
Marta quedó atrapada entre el volante y el asiento.
No pudieron rescatarla.
Murió en el accidente.
Mientras, Carlos y los tres niños esperaban en el interior del ascensor de su edificio a que repararan el corte de energía eléctrica provocado por la lluvia.

