Moving On (2022), dirigida por Paul Weitz y protagonizada por Lily Tomlin, Jane Fonda, Malcolm McDowell y Richard Roundtree, comienza con un entierro. No como recurso efectista, sino como punto de reactivación: una muerte obliga a volver sobre relaciones, agravios y asuntos que nunca terminaron de resolverse.
La película no oculta desde el inicio cuál es su escala. Es un relato contenido, apoyado casi por completo en el trabajo de sus intérpretes y en un tono que mezcla comedia seca, resentimiento acumulado y cansancio emocional.
El pasado como persistencia
La historia se articula alrededor de una idea sencilla: ciertas heridas no desaparecen con el tiempo, solo cambian de forma. La muerte que abre el relato reactiva una historia compartida que sigue condicionando a los personajes décadas después.
La película introduce elementos de venganza y ajuste de cuentas, pero evita convertirlos en mecanismo de suspense o en catarsis espectacular. Todo se mueve en un registro más apagado, más consciente del desgaste acumulado.
Lily Tomlin: precisión y desgaste
Lily Tomlin sostiene buena parte del film desde un trabajo basado en la precisión. No necesita grandes escenas ni cambios bruscos de tono. Le basta con modular una frase, suspender una mirada o introducir una pausa exacta.
Su personaje está construido desde el cansancio lúcido: alguien que ya no espera demasiado, pero que tampoco ha renunciado a reaccionar. El humor aparece como forma de resistencia más que como alivio.
Tomlin evita cualquier sentimentalismo innecesario. Su ironía no suaviza el conflicto; lo mantiene activo.
Jane Fonda: el cuerpo como evidencia
Jane Fonda trabaja aquí desde un registro físico especialmente visible. La película no intenta disimular el desgaste corporal ni convertirlo en símbolo inspirador. Está ahí, integrado en el personaje.
Esa presencia física modifica el tono del relato. Las decisiones, los desplazamientos y las confrontaciones tienen peso porque el esfuerzo se percibe. Fonda no interpreta la energía desde la negación del tiempo, sino desde la convivencia con él.
Una amistad sin idealización
La relación entre los personajes de Tomlin y Fonda evita la nostalgia fácil. Hay historia compartida, sí, pero también distancia, tensiones y silencios acumulados.
La película entiende bien que ciertas amistades largas funcionan más por persistencia que por armonía permanente. El vínculo no elimina el desgaste; lo incorpora.
Malcolm McDowell y la incomodidad
Malcolm McDowell introduce un desequilibrio necesario. Su personaje oscila constantemente entre la fragilidad y la amenaza, evitando una lectura completamente estable.
La película aprovecha esa ambigüedad sin necesidad de convertirlo en villano explícito. McDowell trabaja desde una incomodidad contenida que mantiene activa la tensión moral del relato.
Richard Roundtree: equilibrio
Richard Roundtree aporta una presencia serena que funciona como contrapunto dentro del conjunto. Su personaje introduce una forma distinta de estar en escena: menos reactiva, más observadora.
La película utiliza bien esa energía más calmada para equilibrar un relato construido sobre resentimientos y desgaste emocional.
Humor y desgaste
El humor de Moving On no busca imponerse. Funciona desde la sequedad y la observación. No elimina el malestar, pero permite atravesarlo sin dramatización excesiva.
En ese sentido, la película acierta al no convertir el envejecimiento ni el cansancio en lección moral. Los personajes siguen adelante no porque hayan encontrado una respuesta clara, sino porque no les queda otra forma razonable de moverse.
Un cine sostenido por actores
La puesta en escena es discreta. No hay grandes decisiones formales ni voluntad de exhibición. Todo descansa en los intérpretes y en la manera en que ocupan el espacio.
La película entiende bien su propia dimensión: no intenta ampliar artificialmente el conflicto ni convertirlo en algo más trascendente de lo que es.
Epílogo
Moving On funciona precisamente porque no promete demasiado. Es una película pequeña, consciente de sus límites y sostenida por actores que saben trabajar desde la contención.
Lily Tomlin aporta precisión. Jane Fonda introduce desgaste y resistencia física. Malcolm McDowell incomoda lo justo. Richard Roundtree estabiliza el conjunto.
No hay grandes revelaciones ni cierres espectaculares. Solo personajes que siguen adelante con lo que tienen, incluso cuando ya no queda demasiada energía para hacerlo.
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