La residencia: una detective peculiar

Llegué a La residencia sin grandes expectativas, simplemente porque estaba en mi lista de pendientes. El arranque me costó: no es una serie que enganche de inmediato, y el ritmo al que avanza puede resultar pesado. Sin embargo, algo me animó a quedarme: un reparto lleno de rostros conocidos, de esos actores y actrices que aparecen en mil sitios y siempre cumplen con oficio.

Con el paso de los capítulos, lo que terminó por llamarme la atención fue Cordelia: su forma de actuar, de dar prioridad a los gestos pequeños y de sostener la trama desde la discreción. La serie construye un misterio bien tejido, suficiente para mantener la curiosidad, aunque los episodios resulten largos y a veces den la sensación de estirarse más de la cuenta. En conjunto, deja una impresión ambivalente: quieres saber cómo acaba, pero el camino hacia el final puede hacerse cuesta arriba.

Cordelia es peculiar, segura de sí misma, con una manera de priorizar lo que considera importante, aunque a veces tenga que dejarlo a medias para resolver un crimen. Esa mezcla de determinación y flexibilidad la convierte en el verdadero motor de la serie. A su lado, el ayudante que no pidió tener aporta un contrapunto curioso: su desesperación por sentirse secundario y su incapacidad para seguir el proceso mental de Cordelia le dan un aire casi cómico, aunque sin llegar a provocar risa abierta. El jefe, por su parte, funciona como un punto de equilibrio constante, con una calma imperturbable frente a cualquier situación.

El ritmo general es lento, demasiado para mi gusto, pero hay algo atractivo en el modo en que Cordelia investiga: cómo va hilando detalles, descubriendo lo que se oculta e implicando a distintos personajes en el proceso. El misterio está bien trazado, con una trama que explora secretos, falsas apariencias y la sátira de esos gurús vendehúmos que se aprovechan de la credulidad ajena.

En conjunto, la serie no deja una huella profunda: es, sobre todo, un entretenimiento correcto. Lo valioso está en el personaje de Cordelia y en su método, más que en la historia en sí.
Lo que me llevo de La residencia es, sobre todo, a Cordelia: un personaje distinto, con una forma personalísima de mirar el mundo y resolverlo a su manera. La serie no me pide volver a ella, pero me quedo con la sensación de haber acompañado a alguien capaz de encontrar sentido incluso en lo más pequeño. A veces basta con eso: un personaje que justifique el viaje.

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