Me acerqué a Mare of Easttown buscando trabajos de Jean Smart y me encontré con esta serie en la que, además, brillaba Kate Winslet. Mare, la detective protagonista, es una mujer que debe mostrarse dura para sobrevivir al día a día, aunque bajo esa coraza se escondan fragilidades que no permite que los demás vean. Tiene una mezcla de sarcasmo, ternura y fortaleza que la hace magnética desde el primer momento. Frente a ella, la madre —interpretada por Smart— funciona como contrapunto perfecto, sin perder la ternura y la fortaleza de Mare y con un guiño de humor que mece la barca para llegar a la otra orilla sanas y salvas.
Lo curioso es que empecé a verla por Smart, y lo que encontré fue a una Winslet en estado de gracia, dueña absoluta de un personaje que arrastra heridas y resiliencia a partes iguales. La serie se convirtió así en un descubrimiento inesperado: no buscaba un thriller absorbente ni un retrato tan crudo de la vida cotidiana, pero acabé atrapada por esa mezcla de dureza y vulnerabilidad que late en cada episodio.
El reparto de Mare of Easttown se organiza de forma peculiar: todos los personajes secundarios parecen diseñados para dar contexto a Mare, más que para brillar por sí mismos. Salvo la madre, interpretada por Jean Smart, ninguno es imprescindible, aunque todos aportan algo para perfilar la figura central. Esa elección refuerza la idea de que la serie no es coral, sino un retrato profundo de un único personaje.
La atmósfera está construida con acierto: el gris del pueblo, la rutina de sus habitantes, las sombras que parecen envolverlo todo. Curiosamente, aunque la acción transcurra tanto de día como de noche, la comodidad del relato se encuentra en la oscuridad, como si la serie respirase mejor en penumbra.
La trama policial, que en apariencia debería ser el motor, queda en segundo plano. Es la excusa para que la historia avance, pero no su corazón. La vida de la serie está en Mare y en sus relaciones: con su madre, con sus hijos, con su pasado. No hay giros espectaculares ni transformaciones radicales, sino pequeñas concesiones, pasos mínimos hacia la aceptación, que terminan reconstruyéndola de manera casi imperceptible.
Y aunque la investigación le dé un barniz de thriller, la intriga es un telón de fondo. Lo esencial es el retrato íntimo de una mujer que sostiene más de lo que muestra y que, en medio de su dureza, encuentra resquicios para la ternura.
En definitiva, Mare of Easttown me pareció un buen entretenimiento, sostenido sobre las interpretaciones de Winslet y Smart. No es de esas series a las que quiero volver una y otra vez, como Grace & Frankie, pero sí una historia bien construida, íntima, con tintes policiales que cumplen su función sin pedir más revisiones. Tal vez regrese a ella, tal vez no; y está bien que sea así.
Lo que me llevo de Mare of Easttown no es tanto la intriga policial como el retrato de una mujer obligada a sostenerse entre la dureza y la fragilidad. La serie funciona por la fuerza de sus intérpretes, que llenan de matices una historia íntima envuelta en sombras. Es un buen trabajo, sólido y contenido, que cumple lo que promete y deja la impresión de haber acompañado durante unas horas a un personaje que merece la pena conocer, aunque no necesariamente revisitar.
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