Professor T. Una serie muy peculiar

Professor T es una serie policial con un giro muy particular: su excéntrico protagonista, Jasper Tempest, es un profesor universitario de criminología con una mente brillante, atrapada en un laberinto de manías y trastornos obsesivos. Su colaboración con la policía no solo aporta ingenio a la resolución de casos, sino que también abre la puerta a un retrato humano lleno de fragilidad y contradicciones.

Me acerqué a la serie por Ben Miller, un actor al que ya había visto brillar en Crimen en el paraíso y que aquí se mueve con absoluta naturalidad en la piel de un protagonista tan excéntrico como entrañable. Su Profesor T es fascinante: un hombre que combina ternura y terquedad, genialidad y vulnerabilidad, capaz de resolver con frialdad un enigma y, al minuto siguiente, quedar desarmado por un gesto cotidiano.

El reparto que lo rodea es esencial para sostener el relato. Los policías encarnan el trabajo real de investigación, pero también funcionan como contrapeso a los exabruptos y rarezas del profesor. La jefa de policía destaca por esa relación ambigua que mantiene con él, a medio camino entre la tensión profesional y una complicidad que nunca se termina de resolver, pero que resulta magnética. Los estudiantes aportan frescura y actúan como respiro narrativo en cada episodio. En cambio, la madre del Profesor T es un personaje incómodo: se aprovecha de la dependencia de su hijo, escondiendo verdades bajo la excusa de protegerlo, cuando en realidad lo hace por pura necesidad.

El tono general de la serie no es tanto el de un drama policial como el de un retrato humano en clave de intriga. Sí, los crímenes son el motor de cada capítulo, pero lo que verdaderamente la distingue es el foco en las debilidades y en la soledad del Profesor. Sus momentos de introspección, sus rutinas compulsivas, la lucha entre la brillantez y la fragilidad, son lo que mantiene la atención. Incluso el humor —sutil, irónico, muy británico en su estilo— actúa como un contrapunto que evita que la historia se hunda en la oscuridad.

Los temas que atraviesan Professor T van más allá del género policíaco. Habla de transigencia, de la necesidad de perdonar, de aprender a convivir con las manías propias y con las ajenas, y de la complejidad de las relaciones familiares y profesionales. Es cierto que los capítulos en los que el Profesor pierde protagonismo o la trama se inclina demasiado hacia la paranoia resultan menos amables, pero en conjunto la serie logra un equilibrio sólido entre el caso semanal y la evolución del personaje central.

Lo que me deja Professor T es la sensación de haber visto a Ben Miller en uno de sus papeles más logrados: un hombre lleno de matices, brillante y terco, sensible y áspero, capaz de generar ternura y exasperación en la misma escena. Es, en definitiva, una serie que demuestra que el género policíaco también puede ser un espacio para explorar la fragilidad humana. Y si algo queda claro al terminar una temporada, es que este personaje todavía tiene mucho que dar; ojalá lleguen más.

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