El Londres de Sherlock Holmes

Londres no se ofende por las licencias literarias: las adopta. El 221B de Baker Street no existía en tiempos de Conan Doyle, pero la ciudad lo materializó como símbolo, reconociendo el poder de una ficción capaz de crear un “Londres paralelo”. En los relatos de Holmes, la capital es una maquinaria moderna y legible para quien sabe observar: niebla, multitudes y pistas. Más que un lugar exacto, el Londres holmesiano es una actitud: mirar con atención y leer la ciudad como un texto.