Nueva Zelanda se convirtió en la encarnación física de la Tierra Media sin perder su identidad. A través del cine de Peter Jackson, el paisaje dio cuerpo al imaginario de Tolkien, pero el viaje real demuestra que el territorio desborda al mito. Un recorrido por islas volcánicas, montañas extremas y fiordos donde la fantasía abre la mirada y luego se retira.
