Los Cárpatos son un territorio que se atraviesa más que se visita. Bosques densos, silencio espeso y una convivencia antigua entre humanos, lobos y mitos han construido un paisaje donde la sombra no se elimina, se acepta. Entre la presencia real del lobo y la figura simbólica del vampiro, estas montañas conservan una memoria cultural que desconfía de las explicaciones simples y obliga al viajero a mirar —y avanzar— con atención.
