La corrección política también llega al amor

El gender-neutral en la novela romántica.

Escribir escenas románticas ya es difícil de por sí: la respiración entrecortada, el temblor de las manos, el instante previo al beso… todo tiene que sonar más a música que a manual de instrucciones.

Pero ahora súmale el reto lingüístico: ¿cómo se dice «te quiero» sin sonar ni demasiado tradicional ni demasiado excluyente?

Lo intenté. Primero, escribí un «te quiero» normal. Demasiado heteropatriarcal, pensé. Luego probé con «te quiero a ti, persona única e irrepetible». Sonaba a discurso de fin de curso.

Borré. Reescribí. Volví a borrar. Me atreví con un «te quier@». Una cosa que parecía más un correo spam que una declaración de amor.

El clímax llegó con «te quierx». Ahí ya no estaba en la novela, estaba programando en Python. Mi pareja ficticia no se derretía: pedía un reinicio del sistema.

Y aquí estamos, atrapados entre la corrección política y la corrección ortotipográfica, intentando que Cupido dispare flechas inclusivas sin que parezcan emoticonos mal renderizados.

Al final decidí lo más honesto: que mis personajes se miren y callen. Que el amor, a falta de una palabra neutral, se quede en el silencio. Silencio, por cierto, mucho más romántico que cualquier «te quierx» jamás escrito.