Locas por Brady: vivir en presente

Locas por Brady (80 for Brady, 2023), dirigida por Kyle Marvin, parte de una premisa tan sencilla como improbable: cuatro amigas emprenden un viaje para asistir a la Super Bowl y conocer a Tom Brady, el jugador al que han seguido durante años. Sobre el papel, la historia parece diseñada para una comedia ligera construida alrededor de una anécdota deportiva. Sin embargo, la película encuentra su verdadero interés en otro lugar.

Más que una historia sobre el fútbol americano o sobre la admiración hacia una figura pública, termina siendo una reflexión amable sobre el tiempo, la amistad y la decisión de seguir participando activamente en la propia vida.

Cuatro mujeres frente a los límites esperados

El punto de partida resulta significativo porque sitúa a sus protagonistas en un espacio que el cine no siempre les ha concedido.

Las cuatro amigas no emprenden el viaje para recuperar una juventud perdida ni para demostrar que siguen siendo capaces de hacer determinadas cosas. Tampoco aparecen definidas por la nostalgia. Lo que las mueve es un deseo presente, concreto y plenamente vigente.

La película evita así uno de los lugares comunes más frecuentes en los relatos sobre la edad: la necesidad de convertir cada experiencia en una despedida o en una lección sobre el paso del tiempo.

La amistad como espacio de continuidad

Uno de los elementos más sólidos del relato es la forma en que representa la amistad.

Las relaciones entre las protagonistas no se construyen a partir de grandes declaraciones ni de conflictos extraordinarios. Se apoyan en algo mucho más cotidiano: años de convivencia, conocimiento mutuo y una confianza que permite aceptar virtudes y defectos sin necesidad de renegociar constantemente el vínculo.

La película entiende que algunas amistades sobreviven precisamente porque han dejado atrás la necesidad de justificarse.

El presente frente a la nostalgia

Aunque la historia podría haberse apoyado fácilmente en la evocación del pasado, el relato mantiene la mirada puesta en el presente.

Los recuerdos existen, naturalmente, pero no se convierten en el centro de la experiencia. Las protagonistas no viven instaladas en lo que fueron, sino interesadas en lo que todavía pueden hacer.

Esa elección resulta importante porque desplaza el foco desde la pérdida hacia la posibilidad. La película no niega el paso del tiempo; simplemente se niega a convertirlo en el único tema disponible.

Jane Fonda, Lily Tomlin, Rita Moreno y Sally Field

Gran parte del atractivo de la película reside en la presencia de sus cuatro protagonistas.

Cada una aporta una energía distinta y una trayectoria que el film utiliza con inteligencia. Jane Fonda, Lily Tomlin, Rita Moreno y Sally Field interpretan personajes diferentes, pero comparten una cualidad fundamental: ninguna parece interesada en competir con versiones anteriores de sí misma.

La película encuentra buena parte de su autenticidad en esa comodidad. Las actrices trabajan desde la experiencia acumulada y convierten esa experiencia en una de las principales fortalezas del relato.

Lily Tomlin y la naturalidad

Lily Tomlin aporta una presencia particularmente eficaz dentro del conjunto.

Su estilo interpretativo sigue apoyándose en una combinación de ironía, observación y aparente facilidad que lleva décadas definiendo buena parte de sus mejores trabajos. La actriz no necesita grandes momentos dramáticos ni escenas diseñadas para llamar la atención. Su contribución consiste, sobre todo, en dotar de naturalidad a las relaciones entre los personajes.

Esa capacidad para parecer completamente cómoda dentro de la historia ayuda a que la película conserve siempre un tono cercano.

Humor sin condescendencia

Uno de los mayores aciertos de Locas por Brady es la manera en que utiliza el humor.

La película evita convertir la edad de sus protagonistas en un chiste permanente. El humor nace de las situaciones, de los contrastes entre personajes y de las complicaciones propias del viaje, no de una supuesta incapacidad asociada a los años.

Esa diferencia resulta fundamental. El relato se ríe con sus personajes, no de ellos.

El deseo como impulso narrativo

Otro de los temas que atraviesan la película es el deseo entendido en un sentido amplio.

Las protagonistas desean viajar, experimentar algo nuevo, salir de la rutina y compartir una aventura. No se trata de una aspiración extraordinaria ni heroica. Precisamente por eso resulta tan reconocible.

La película defiende la legitimidad de esos deseos cotidianos sin convertirlos en un manifiesto explícito. Su apuesta consiste en presentarlos como algo normal.

Una película consciente de sus dimensiones

Locas por Brady no intenta transformarse en algo distinto de lo que es. Su tono permanece siempre dentro de los límites de una comedia amable y accesible.

Lejos de ser una limitación, esa claridad de intenciones constituye una de sus principales virtudes. La película sabe qué historia quiere contar y evita la tentación de añadir conflictos artificiales o lecciones innecesarias.

La sencillez forma parte de su propuesta.

Epílogo

Locas por Brady utiliza una premisa ligera para hablar de cuestiones mucho más universales relacionadas con la amistad, el paso del tiempo y la capacidad de seguir construyendo experiencias significativas en cualquier etapa de la vida.

Kyle Marvin dirige una película que encuentra su mejor versión cuando deja que sus protagonistas ocupen el centro del relato y cuando confía en la fuerza de unos vínculos construidos a lo largo de décadas.

Más que una historia sobre un acontecimiento deportivo, termina siendo una celebración discreta de algo mucho más importante: la decisión de seguir viviendo en presente.

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