39 patrañas vesánicas
Sonó el despertador. Nadie lo apagó. El timbre del despertador fue perdiendo fuerza poco a poco después de cinco minutos… El sonido cesó.
En la casa de al lado se oía sonar el teléfono de forma insistente. Nadie contestaba. Paró el ruido. Volvió a sonar. Nadie contestaba.
Eran las ocho de la mañana y en las calles no había tráfico, no había personas caminando, nadie entraba en el metro ni esperaba en las paradas de autobuses, no había autobuses circulando. La ciudad estaba desierta. Las cafeterías permanecían cerradas.
De repente la ciudad fue tomada por el sonido de una sirena. La quietud de la ciudad se vio alterada por ese sonido. De uno de los edificios salió un hombre, detrás de él comenzaron a salir más personas; del edificio de enfrente también empezaron a salir personas. Poco a poco la ciudad fue volviendo a tener vida… una vida que no era muy apasionada, miedo y contención eran lo que se veía en los habitantes de la ciudad…
Las casas fueron recuperando a sus inquilinos, lentamente ordenaban algunas cosas, apagaban despertadores, contestaban a las llamadas que habían recibido, los niños y las niñas comenzaban a devolver la vida a la ciudad, poco a poco se normalizaba la situación.
En la radio alguien informaba de la situación… El este del país había sufrido un ataque durante toda la noche, las asistencias sanitarias habían llegado a la zona afectada. Encontraron pocos heridos, de las diez ciudades afectadas con más de un millón de habitantes en total, solo habían rescatado diez cuerpos con vida; pero las diez personas habían fallecido antes de llegar al hospital más cercano… El Gobierno había ordenado incinerar todos los cuerpos, no había tiempo para identificarlos y entregarlos a posibles familiares, tenían que evitar cualquier tipo de infección, plaga…
Diez días después el ejército y los cuerpos de seguridad comenzaban a limpiar la zona. Los edificios estaban intactos. La limpieza consistía en higienizar todas las casas, tirar todos los efectos personales, mobiliario, posibles recuerdos, electrodomésticos…, desinfectaban cada casa y pasaban a la siguiente. Todo lo que salía de las casas también fue incinerado con los restos humanos y animales encontrados.
Dos meses más tarde, el Gobierno del país comenzó a repoblar esas ciudades, las casas eran vendidas a un precio bajo, en pocos días las casas tuvieron nuevos propietarios, las calles volvían a tener vida; los colegios volvieron a abrir sus puertas; los hospitales abrieron también; las filiales de las empresas nacionales reorganizaron su actividad…
El país experimentó una reducción de los niveles de paro de cerca de un millón de personas, el nivel de pobreza disminuyó: casi todas las familias tenían una vivienda en ese país, niños escolarizados, descendió la tasa de robos y asesinatos. El país se fue situando poco a poco a la cabeza de las economías internacionales, de nuevo estaban a la cabeza. El Gobierno archivó toda la información relacionada con aquel ataque nocturno al este del país; todos los papeles, archivos, discos… Toda la información fue guardada en un edificio propiedad del Gobierno… el mismo edificio que dos semanas más tarde sufrió un incendio incontrolable en el que solo se perdieron objetos materiales, ninguna víctima mortal, ni heridos; sin daños personales en esta ocasión, solo había que destruir ese edificio. Todo quedaba cerrado ya, nadie debía mostrar curiosidad por aquel ataque, por aquel incendio. Todo estaba resuelto. Cien por cien de efectividad.

