Las cartas nunca enviadas ocupan un territorio singular entre la escritura privada y la literatura. Dirigidas a muertos, familiares, amantes, figuras imaginarias o personas con quienes ya no es posible hablar, convierten al destinatario ausente en una poderosa herramienta narrativa. Este artículo explora la carta no enviada como forma de confesión, memoria, duelo, reflexión y construcción literaria.
