La literatura moderna convirtió al personaje en algo más que un instrumento de la trama. Sus figuras contradictorias, moralmente ambiguas y a menudo incapaces de comprenderse por completo reflejan una concepción inestable de la identidad. El punto de vista, el lenguaje y el contexto social construyen personajes que no se dejan reducir a una explicación única y obligan al lector a convivir con la incertidumbre.
