Entre correos plagados de emojis y respuestas imposibles, Lia Troth reflexiona con humor sobre la rendición ante un nuevo lenguaje digital.
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La editora implacable
Estás muy bien para tener 50…
Un comentario inocente sobre la edad abre una reflexión de Lia Troth: papel, bolígrafos, diccionarios y las herramientas que cambian, pero no el oficio.
Versión 81: la venganza del capítulo interminable
Cuando corregir un capítulo se convierte en maratón de versiones infinitas, Lia Troth descubre que a veces el autor no busca correcciones, sino terapia.
¿Leer a los clásicos?
Un encargo literario inesperado desata la eterna discusión: ¿por qué seguimos leyendo a los clásicos? Lia Troth lo responde con humor y oficio.
Cuando no quieres dejar de corregir
Hay días en que corregir no es trabajo, sino placer. Cuando el texto fluye con naturalidad y la correctora se convierte en lectora, casi en cómplice.
El punto y coma: ese gran desconocido
Una noche cualquiera, Lia Troth se enfrenta a un manuscrito sin un solo punto y coma. Lo que parecía una corrección rutinaria se convierte en una batalla contra frases interminables y comas indomables. Entre la ironía y el cansancio, descubre que el punto y coma es el héroe olvidado de la puntuación: discreto, eficaz y ninguneado. Con ojeras a las cuatro de la mañana y un cliente madrugador reclamando cambios, Lia llega a una conclusión clara: si alguna vez existiera un sindicato del punto y coma, ella sería la primera en apuntarse.
Spoilers y subordinadas
Sábado por la tarde, manta, serie y emociones encontradas. Entre una muerte ficticia y una llamada real de cliente, Lia Troth descubre que la multitarea profesional puede ser también un deporte de riesgo.
«Está genial, me encanta»… ¿o solo me lo dices por compromiso?
¿Qué hacer cuando el cliente dice “Está genial” pero tu cabeza dice “¿seguro?”? Una entrada sobre halagos ambiguos, síndrome del impostor y el arte de no sobreanalizar… demasiado.
Lia Troth, una editora en apuros, se presenta
En esta entrada, Lia Troth se da a conocer como colaboradora de Palabras de fondo. Con un estilo irónico y ligero, comparte anécdotas del mundo editorial y de la vida cotidiana, siempre con un ojo crítico y divertido. Una declaración de intenciones que abre la puerta a futuras historias llenas de humor y complicidad.
