Una reflexión humorística sobre esos correctores de IA que intentan convertir cualquier mensaje humano en una comunicación impersonal, incluso cuando el destinatario tiene nombre propio.
Etiqueta: humor editorial
El cliente que «solo necesita una revisión»
Una mirada humorística a esos clientes que aseguran que su texto «solo necesita una revisión» cuando en realidad requiere una reconstrucción completa antes de poder publicarse.
El certificado digital inalcanzable (o cómo perder la fe en la burocracia en cinco pasos)
Intentar conseguir un certificado digital parece un trámite sencillo hasta que aparecen las contraseñas olvidadas, los documentos rechazados y los formularios decididos a poner a prueba la paciencia de cualquiera.
Cuando alguien sugiere descafeinado (y se rompe un pacto sagrado)
Una inocente sugerencia sobre el café descafeinado desencadena una reflexión irónica sobre hábitos, productividad y esas pequeñas incomprensiones que pueden alterar el equilibrio del universo profesional.
La reunión de Zoom equivocada: de manuscritos a macetas
Una reunión editorial que resultó ser un taller sobre plantas de interior acaba convirtiéndose en una inesperada reflexión sobre las similitudes entre cuidar una planta y corregir un manuscrito.
El trabajo «fácil» que no lo era tanto
Una reflexión irónica sobre esos proyectos que llegan etiquetados como «fáciles» y terminan convirtiéndose en auténticas pruebas de resistencia para cualquier correctora.
Eso querría haberlo escrito yo
A veces, entre tildes y repeticiones, aparece una frase perfecta. Y entonces la correctora deja de corregir para admirar. Un texto sobre esos raros instantes en que el oficio se vuelve gratitud.
A veces hay que decir «no» a un posible cliente
Cuando un cliente desconfía desde el primer correo, lo mejor no es explicarte más: es apartarte a tiempo. Una historia sobre los límites sanos y el valor de decir «no».
Autoengaño de principiante: «Lo reviso rápido»
Lo que empieza como una revisión rápida termina en una batalla épica con las comas. Una historia sobre la trampa más vieja del corrector: creer que acabará pronto.
