Estás muy bien para tener 50…

El otro día, en una charla literaria, un joven muy simpático me soltó: «Estás muy bien para tener 50». Le sonreí, agradecida, hasta que añadió: «¿En tu juventud usabas papel y boli?». Me quedé unos segundos en blanco, pensando en si debía responder con sinceridad o vengarme lingüísticamente. Opté por lo primero: «Sí, y también usábamos diccionarios de papel, esos que no se apagan cuando se va el wifi». El chico rio, incómodo. Yo también. Pero luego pensé: qué curioso que, mientras la tecnología avanza, las suposiciones sobre la edad se mantienen intactas. Y sí, he trabajado con papel y boli. También con traducción asistida por ordenador y más herramientas digitales de las que él probablemente conoce. La edad, como el lenguaje, es un juego de matices. Y, si algo he aprendido, es que siempre conviene tener una buena respuesta lista… y una contraseña que recuerdes a la primera.

Y aquí estamos… Reflexionando más tarde, me di cuenta de que esa pregunta es un reflejo de cómo se percibe el tiempo en el mundo digital. Hace veinte años, nadie se hubiera sorprendido al ver a una correctora con una pila de diccionarios y un bloc de notas. Ahora, parece casi arqueológico. Pero lo curioso es que las herramientas cambian, pero el trabajo permanece: pulir el lenguaje, dar claridad a las ideas y conectar con los lectores.

Así que sí, usé papel y boli, y lo haría de nuevo si fuera necesario. Porque, al final, las historias no dependen de la tecnología, sino de las personas que las escriben… y de las que las corrigen. Y a la eterna sospecha de que los jóvenes creen que naciste en blanco y negro.

(O no. Depende de cómo acabe el próximo encargo).