Imperturbables


39 patrañas vesánicas


La lava del volcán no dejaba de correr por la ladera camino de la pequeña aldea. Sus habitantes ya habían comenzado el desalojo de sus casas y solo quedaban tres o cuatro familias por cerrar la marcha.

Personas, animales, enseres… Todo estaba en los coches, todo estaba en marcha.

La lava cubrió lentamente toda la aldea. La escuela fue uno de los primeros edificios en colapsar. Algunas casas. El hospital. La iglesia. Más casas…

Poco a poco todo fue desapareciendo bajo la lava. Fue un largo día y una larga noche.

El día siguiente comenzó con una lluvia suave pero constante. Llovió todo el día.

Seis días más tarde, los habitantes de la aldea fueron volviendo. Llegaron en sus coches vacíos de enseres… solo querían ver cómo había quedado todo. Lloraron. Lloraron mucho. Se marcharon pronto de allí para no volver más.

Desde el momento en el que el volcán comenzó a tener movimientos atípicos, las hormigas comenzaron una recolección de alimentos más intensa y en pocos días habían cerrado las entradas de sus hormigueros. Algunas murieron.

Poco a poco fueron construyendo nuevas galerías, nuevos caminos de salida hacia la superficie.

Tuvieron mucho trabajo.

Estuvieron al límite con los alimentos almacenados, pero por fin pudieron salir a terreno próximo donde no había peligro. El hormiguero estaba vivo y las hormigas volvieron a recolectar frutos, semillas…

Siguieron con su vida con total normalidad, buscando nuevos caminos hacia la luz del día y los alimentos.

Simplemente continuaron.