Versión 81: la venganza del capítulo interminable

He corregido textos en Word, en PDF, en servilletas de bar y en presentaciones de PowerPoint que me hacían desear una úlcera como vía de escape. Pero lo de hoy merece archivo. O altar funerario.

Todo empezó con un capítulo.

Un capítulo. El uno. El primero. Enviado con el clásico asunto: «Aquí va. Cualquier cosa me dices 😊».

Yo, obediente, le dije.

Señalé repeticiones, ambigüedades, una estructura de párrafo que parecía hecha por un pulpo borracho y un diálogo cuya única virtud era haber terminado.

Respuesta del autor: «¡Gracias! Lo he pulido un poco. Aquí va de nuevo».

Versión 2.

Lo abro. Mismo contenido, pero con nuevas rarezas; algo parecido a un gesto poético o como homenaje a e. e. cummings. No pregunté.

Comenté. Con delicadeza.

Y aquí estamos…

Versión 3.

4.

5… versión final.

6… ahora sí.

7… la buena.

8… más ligera (pero con diez páginas más…).

Versión 9, experimental.

Cuando llegamos a la versión 14, me envió un correo titulado: «He vuelto al original. Era mejor».

Yo también era mejor antes de conocer esta historia.

Las siguientes semanas fueron una performance.

Versión 21 tenía todos los verbos en gerundio.

33… ambientada en un mundo posapocalíptico que no existía en el resto del libro.

47… incluía un personaje nuevo: un loro con poderes proféticos.

56… era un poema (literalmente, estaba en verso).

Versión 60 traía una nota que decía: «Quizá esto funcione mejor en segunda persona».
Spoiler: no funcionaba. En ningún pronombre.

Llegamos a la versión 80. La leí con la resignación con la que se mira el correo del banco: sabiendo que algo dolerá. Y dolió.

El capítulo estaba escrito en forma de mensaje de WhatsApp. Incluía emojis, abreviaturas tipo «q tal?», y una foto de un café con espuma.

Contesté con un escueto: «¿Esta es la versión definitiva?».

A lo que él respondió: «No lo sé. ¿Tú qué opinas?».

Y ahí me di cuenta: no quiere una correctora. Quiere una brújula emocional. Un oráculo editorial. Una doula textual para acompañarlo en el parto interminable de su primer capítulo. Y aquí estamos.

Escribí: «Mi opinión es que lo dejamos aquí. La versión 3 era aceptable. La 80 es una instalación de arte conceptual. Propongo volver al mundo real. ¿Te parece?».

No ha respondido.

Quizá esté trabajando en la versión 81.

O grabando un audiolibro en esperanto.

No lo sé. Casi ni quiero saberlo.

Yo, por mi parte, he hecho lo que cualquier profesional haría en estos casos: me he servido un café y he escrito esto. Para no gritar.

Más de Lia Troth próximamente.

(O no. Depende de cómo acabe el próximo encargo).