Eso querría haberlo escrito yo

Hay días en que corregir no es cortar ni pulir, sino reconocer belleza ajena. Días en que la profesión se parece, más que a un oficio, a un acto de gratitud.

No ocurre todos los días. La mayoría de las veces, corregir es un ejercicio de paciencia: limpiar repeticiones, suavizar giros torpes, podar adjetivos que crecen como malas hierbas. Pero, de pronto, en medio de ese paisaje irregular, aparece una frase. Una idea bien dicha, una imagen que respira sola, un hallazgo tan nítido que detiene el ritmo de lectura.

Y sonrío. No porque haya algo que enmendar, sino porque no puedo evitar pensar: ojalá lo hubiera escrito yo.

Ese momento es un recordatorio poderoso. La corrección deja de ser un trabajo técnico y se convierte en un acto de admiración silenciosa. Subrayo la frase, no para cambiarla, sino para volver a ella después, como quien guarda un pequeño tesoro. La releo con la misma gratitud con la que se observa un paisaje al final de una caminata difícil: está ahí, completo, perfecto en su medida.

No siento envidia. Lo que siento es alegría. Porque aún hay quien escribe así. Porque, incluso después de cientos de páginas y miles de correcciones, el lenguaje sigue siendo capaz de sorprender, de descolocar, de regalar belleza sin aviso.

Corregir algo que querrías haber escrito tú es también una forma de aprender. Te muestra caminos distintos, maneras de nombrar el mundo que amplían tu mirada. Y, en cierto modo, te reconcilia con la escritura propia: no es una derrota, es una invitación a seguir buscando frases que respiren con esa misma fuerza.

Al cerrar el archivo, queda la sensación tranquila de haber acompañado un texto que guarda dentro de sí una chispa especial. No siempre se repite, pero basta con que aparezca de vez en cuando para justificar el oficio entero.

Y entonces entiendo que, quizá, corregir también es escribir un poco. No con tus palabras, sino con la certeza de haber estado cerca de ellas cuando brillaron.

Lia Troth, reconciliada (por hoy) con su oficio.

Mañana, quién sabe.

Más de Lia Troth próximamente.

(O no. Depende de cómo acabe el próximo encargo).