Tumbada en el suelo tras la caída, Lauren descubre que la incomodidad no está en el parqué, sino en la vida vivida en vertical y a toda prisa. La quietud abre un inventario de memoria: Burgos y el traslado a Madrid, un padre funcionario de frases incompletas, una madre enfermera experta en cuerpos ajenos, y Hugo, el hermano cuya risa persiste como eco doméstico tras su muerte reciente. Desfilan familiares a distancia (audios esotéricos, chistes rituales, afectos analógicos), la elección de Filología Inglesa y la traducción como refugio —habitar voces ajenas para no exponerse—, y una carrera de correctora discreta, precisa, casi invisible. También aparece un matrimonio fugaz con Daniel, una convivencia como «traducción fallida» que termina sin drama. Entre Tinto y Nube, Lauren entiende que la independencia puede ser trinchera y que ha pasado demasiado tiempo corrigiendo márgenes ajenos. Sin tristeza, con una lucidez serena, percibe cómo el silencio se vuelve compañía: la memoria invoca presencias, la casa revela capas y algo —historia, visita, eco— está a punto de comenzar. El suelo deja de ser solo suelo: se vuelve tregua y paz.
Etiqueta: oficio editorial
El suspenso de la traducción literaria (o cuando los árboles deciden alzar la voz)
Una traducción automática convierte una imagen poética en una escena casi terrorífica: el viento deja de cantar y empieza a gritar entre los árboles. Con ironía y mirada editorial, el texto reflexiona sobre cómo una mala elección léxica puede alterar por completo el tono, el género y el sentido de una escena literaria.
Los días en los que la concentración te visita sin aviso
Hay días en los que la concentración llega sin invitación y convierte el trabajo en un espacio habitable. Lia Troth reflexiona sobre esos momentos raros y luminosos en los que el oficio se vuelve casi un estado de gracia.
Eso querría haberlo escrito yo
A veces, entre tildes y repeticiones, aparece una frase perfecta. Y entonces la correctora deja de corregir para admirar. Un texto sobre esos raros instantes en que el oficio se vuelve gratitud.
A veces hay que decir «no» a un posible cliente
Cuando un cliente desconfía desde el primer correo, lo mejor no es explicarte más: es apartarte a tiempo. Una historia sobre los límites sanos y el valor de decir «no».
