El uso del «yo» en el ensayo

La primera persona puede acercar un ensayo al lector, hacer explícita una posición intelectual o mostrar el recorrido que conduce hasta una idea, pero también puede convertirse en una presencia innecesaria. Una reflexión sobre cuándo el «yo» ilumina el pensamiento, cuándo lo distrae y por qué su valor depende menos de su frecuencia que de la función que cumple en el texto.

El ritmo secreto de cada autor

Cada autor escribe con una cadencia propia que forma parte de su voz. Corregir un texto exige reconocer ese ritmo, distinguir entre irregularidad e intención y mejorar la escritura sin imponerle una música ajena.

El lector que la academia no imagina

Escribir un ensayo implica imaginar a un lector distinto del que presupone la escritura académica. Una reflexión sobre cómo cambia el lenguaje, la estructura y la propia voz cuando el conocimiento abandona los códigos compartidos entre especialistas sin renunciar por ello al rigor.